La Casa Rural. Una unidad de producción.

En los concejos que abarca nuestro museo existió hasta hace pocos años una sociedad rural tradicional, cuya principal preocupación residía en el autoabastecimiento, es decir en producir todo lo necesario para subsistir, manteniendo los campesinos una escasa dependencia de los comercios y mercados locales (Grandas de Salime, Fonsagrada).

La casa era la unidad básica de producción y consumo de esa sociedad, y en ella no sólo se incluían la vivienda y la familia que la habitaba, sino también las tierras, los ganados, los árboles y las herramientas que le pertenecían. Todas las casas tenían un nombre propio (casa de Linera, casa Barcia) por el que se identificaban tanto los miembros de una familia, como sus bienes.

Las principales actividades económicas de la casa eran la agricultura y la ganadería, pero la economía de subsistencia obligaba también a realizar diversas labores de transformación. En consecuencia, las familias rurales trabajaban la tierra y criaban el ganado, amasaban y cocían el pan, mataban los cerdos y embutían su carne, hilaban y tejían la lana y el lino, fabricaban vino y orujo, etc. Los saberes de tipo técnico que poseía una unidad familiar eran muy amplios y complejos; en ella no existía la especialización, aunque si había una marcada división del trabajo basada en el sexo y la edad.

Además, junto a los saberes mencionados los campesinos tenían un buen conocimiento de su medio natural, que les servía para proveerse de plantas medicinales, caza, pesca, madera, etc.

La familia que la casa necesitaba para funcionar con normalidad estaba integrada por muchos miembros. Era una familia troncal o polinuclear extensa, es decir formada por más de un matrimonio, frecuentemente dos, pertenecientes a distintas generaciones. En una misma casa vivían un matrimonio mayor, un hijo de ellos casado y los hijos de este. La sucesión siempre recaía en el hijo primogénito, que era el mejorado y el único que se casaba en casa; el resto de los hermanos tenían que marchar con la partija o dote que les correspondía o bien permanecer solteros en casa. Con este sistema de herencia se buscaba que la casa y sus propiedades permaneciesen íntegras, sin fragmentaciones que la hiciesen desaparecer paulatinamente.

Sin embargo, tanto esta organización social basada en el mayorazgo como las pocas expectativas que ofrecía la tierra, no solo para aumentar la riqueza de sus habitantes sino para asegurar en muchos momentos su subsistencia, fueron la causa de una constante emigración temporal (segadores, amas de cría, etc.), que desde mediados del siglo XIX se fue haciendo permanente. En este siglo el destino más frecuente fue América, en especial Cuba y Argentina, y así fue hasta los años cuarenta del siglo XX; a partir de entonces se dirigió a los centros industriales de Asturias. El aumento de estas salidas en la última década ha supuesto en muchos casos la pérdida de la generación de repuesto en las casas, el abandono definitivo de muchas caserías e incluso el despoblamiento de pueblos enteros.

Los terrenos que explotaba una casa estaban formados por tierras de policultivo intenso o vilares, prados de pasto de diente y siega, viñedos, huertas situadas junto a la casa y monte. Este último era el espacio de mayor extensión y su aprovechamiento era muy importante para la subsistencia de los campesinos. Había que distinguir entre monte bajo, formado por uces (brezos), toxo (árgoma), etc., y el monte arbolado; en el primero se sembraba centeno o trigo en las cavadas o siaras con el sistema de rozas, se cogían las cepas de uces para leña y carbón vegetal, se rozaba el monte para cama y comida del ganado, se construían cortinos y colmenares, pastaba el ganado menudo, etc. En el monte arbolado se plantaban castaños y de aprovechaban las maderas para la construcción.

Con frecuencia algunas de las tierras no eran propiedad de la casa, sino arrendadas a los propietarios rentistas de la zona. Lo mismo sucedía con el ganado, especialemnte con el vacuno, que los campesinos llevaban a comuña o a medias con uno de esos propietarios.

Por último, cada casa precisaba un numero grande y variado de herramientas para realizar todos los trabajos y asegurar su autosuficiencia: desde construcciones (casa, hórreo, panera, cortes o cuadras, bodega, cabañas), hasta aperos agrícolas y utensilios domésticos. El nivel técnico era bajo y todas las faenas requerían un esfuerzo físico considerable, en especial las labores estivales de siega de hierba, recolección de trigo y centeno, mallega, cavadas en el monte, etc.

Los inventarios de bienes llevados a cabo al morir el amo de la casa son una fuente de información muy valiosa para conocer los muebles, aperos, herramientas y útiles domésticos de una casa campesina. También muestran las diferencias de clase que había entre los campesinos.